• En esta casa encontró la distancia y el silencio
  • Martes, 13 Noviembre 2018
  • Por: Leydis Luisa Hernández Mitjans
  • Fotos: Reno Massola

    Dicen que él está ahí. Que regresó después de muerto al lugar donde nacieron algunos de sus libros inmortales (A través del río y entre los árboles; El viejo y el mar; París era una fiesta e Islas en el Golfo). Las viejas leyendas de ese barrio icónico sostienen –también- que en Finca Vigía Ernest Hemingway vivirá eternamente.

    Cientos de visitantes nacionales y extranjeros llegan a diario al museo, ubicado a 15 kilómetros del centro de La Habana, en el poblado de San Francisco de Paula. Llegan hasta allí “invadiendo” la privacidad de Hemingway que –según cuentan las historias – encontró en esa casa majestuosa, la distancia y el silencio que siempre persiguió.

    Faltando dos días para despedir el año 1940, el escritor norteamericano compró la Finca, a sugerencia de su tercera esposa Martha Gelhorn, quien un año antes la había visto en uno de los anuncios clasificados de la época.

    En ella transcurrió los que fueron, quizás, sus años más prolíferos como escritor. Aquí se encontraba cuando le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, el cual dedicó y entregó al pueblo cubano y, de ser ciertas las leyendas, aquí regresó una vez que, enfermo, decidió terminar con su vida.

    Tal vez por ello dispuso, como último deseo, el traspaso al gobierno cubano de la Finca, la cual fue convertida en museo el 21 de julio de 1962, considerándose  la primera institución creada en el mundo para divulgar la vida y la obra del autor que defendió siempre un adiós a las armas.