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Cuba con todos y para el bien de todos

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Por: Odalis Pérez

Aún resuenan las clarinadas de un 11 de julio que estremeció a la Patria. La misma que siempre nos dejó claro el más universal de los cubanos, que era: “Con todos y para el bien de todos”.

Hoy nos mueven profundos sentimientos que nos evocan a mirar, a reflexionar sobre lo acontecido. Por un lado, la ya sabida compleja situación epidemiológica que nos ha llevado a perder tantas vidas y hacer ingentes esfuerzos por salir adelante.

Como logros tenemos los resultados arrojados por la grandeza de nuestros hombres y mujeres de ciencia con las más patrióticas vacunas: Abdala y Soberana 02, y recientemente los ensayos clínicos que ya se aplican en edades pediátricas.

A ello se unen las muestras solidarias ya sean por brigadas del gran ejército de batas blancas que han partido a los sitios de mayor riesgo de la enfermedad; grupos creados por la sociedad civil; chóferes que han puesto sus carros al servicio de esa ayuda y del pueblo en general, por solo citar algunos ejemplos.

También es preciso realzar las estrategias de trabajo de las máximas autoridades, quienes nos convocan constantemente al actuar responsable, a cumplir los protocolos sanitarios establecidos y a unir esfuerzos por contener la propagación del virus SARS-COV2.

Por otro, hay carencias, trabas y burocracias que se acumulan, las que dan al traste con los descontentos en la población. Esos mismos que al conjugarse con lo evidente y subjetivo de una realidad que solo el cubano conoce hace que salgan detractores y seguidores del proceso revolucionario.

Un escenario que se agudiza con la incitación a revelar verdades que muchas veces se adulteran para crear un panorama aún más cótico.Lo sucedido recientemente nos lleva a hacer varias lecturas. Entre ellas, el empleo de las redes como vías para aglutinar, difundir mensajes, tergiversar y transformar el contexto, ese que muchas veces no somos capaces de llenar con suficiente información veraz, oportuna y que contrarreste los efectos negativos que atentan contra la estabilidad.

Lo otro, los odios acumulados por años, las campañas para desacreditar esos logros que sí son evidentes, por muy ínfimos que puedan resultar, pero que estan ahí. Hay un mensaje real, claro y fuerte: el vandalismo y la violencia; la acción-reacción; la recepción del golpe y su respuesta, nunca será el camino para esa Cuba que queremos todos. Esa que nos permita caminar sus calles sin temor a ser reprimidos.

Más allá de ideologías, razas, credos o intereses, hay que abogar por el respeto, por la sensibilidad y la comprensión al otro. Tenemos que aprender a dialogar, a reinventarnos los métodos de hacer frente a nuestras problemáticas, a ser más prácticos ante las contingencias pero movidos siempre por el amor a lo que hacemos, a la empatía de ser más humanos, más cubanos.

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