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Servir desde el periodismo

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Por Gabriela Labrada

Muchos han sido los desvelos y las ilusiones ha vivido Bárbara Doval en Canal Habana, merecedora en este 2021 del galardón premio Obra de la vida de la institución.

Pocos saben que es filóloga de profesión, lo que constituye el pilar de su formación profesional. ¿Cómo fue el encuentro con esta labor?

Me encantó estudiar filología, de hecho, siempre digo que, si volviera a tener la oportunidad, repetiría porque te da herramientas para la vida. Aprendes a leer y a escuchar entre líneas, a acercarte a la psicología humana gracias al estudio de la literatura, aprendes el valor y por tanto, a emplear mejor nuestra lengua, aprendes a investigar. Cuando había que seleccionar carrera, no dudé.

Al graduarme, las ubicaciones para una filóloga distaban un poco de lo que había soñado. Evidentemente, cuando apareció la oportunidad de trabajar en el Periódico Victoria en la Isla de la Juventud, me fui sin pensarlo con el mismo impulso que te dan los años de la primera juventud.

Aunque durante mi corta estancia como redactora reportera de prensa guardo recuerdos muy gratos y lecciones periodísticas de otros colegas experimentados. Pero la estancia lejos de mis padres y de la Habana me movían el alma. Esa sensación de que este es mi lugar pudo más un día y no regresé al periódico, aunque disfrutaba releer cada publicación impresa y conocer lo que te decían los lectores.

De regreso a La Habana, comencé a trabajar como corresponsal de la cadena de emisoras de la Radio Provincial. Aprendí el periodismo radial desde un móvil con transmisión por varias horas en vivo, recorrí mucho la ciudad, hice la conducción por momentos, de varios espacios informativos y de Hablando en Serio, un debate diario, de media hora, sobre los más disímiles temas, ya fuera con psicólogos o con funcionarios gubernamentales y siempre a partir de la opinión de las audiencias.

Viví y amé la radio, y en especial a Radio Ciudad de la Habana donde aún quedan varios colegas de entonces. Ante la propuesta de ir hacia la televisión, lo valoré, y me sedujo la idea de seguir el desarrollo como profesional de los medios. Al principio, hice radio y televisión al mismo tiempo, y después te involucras tanto con la nueva realidad que el tiempo no te alcanza y te entregas completamente a uno de los medios.

Llegué a CHTV y fui poco a poco, como si fuera desde cero para aprender entonces el periodismo televisivo desde cómo se redacta que es diferente en radio que en televisión. Lo común en cada uno de los casos es que he adorado la vida reporteril, la realización y he disfrutado cada momento. Lo cierto es que una vez que te adentras en el camino de servir desde el periodismo, ya no te puedes salir.

Hoy Bárbara Doval no puede definirse sin mencionar a Libre Acceso, un espacio del canal capitalino propiamente dirigido al debate y a crear un diálogo entre las instituciones y el pueblo. ¿Qué ha significado para ti?

Libre Acceso forma parte de mi vida. Es como un hijo. Es algo muy cercano, puede ser un padre que señala caminos o un amigo que adoras y te dice verdades de manera muy franca. Ciertamente, sientes que es tu responsabilidad y aunque compartida, la mirada escudriñadora, cuestionadora, transformadora no la puedes abandonar nunca, siempre en busca de lograr lo mejor.

Es producto de desvelos, sueños, entregas, voluntad porque preservar un espacio donde las audiencias reinan por 18 años se dice rápido pero atesora muchas historias, unas contadas y otras no. Lo más valioso es la capacidad de entrega del equipo y la confianza de las audiencias en que juntos podemos. La participación de los públicos es esencial y eso, lo defendemos desde la premisa de que siempre sea en vivo y que cuente con la voz del pueblo como condición sine qua non.

En muchas ocasiones has dicho que llegar a Mazón y San Miguel es como llegar a casa. ¿En qué se parece Bárbara Doval a Canal Habana.

¿En qué nos parecemos Canal Habana y yo? En ser habaneros de alma, en disfrutar de cada rincón de la ciudad y de sus sonidos, en desear mostrar lo aportador y en cuestionar lo perfectible de cada práctica. En amar los tiempos de creación, el azul del mar, los colores de La Habana, unos más intensos, otros más desteñidos pero auténticos todos. En desear buscar de manera incesante la sabiduría en el consenso, en defender el humanismo, lo bello, lo justo, la paz y la vida.

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