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Aniversario 62 del ICAP, Corrieri y “el encantador de serpientes”

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Cuando se conmemore el 30 de diciembre el 62 aniversario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), no podrá obviarse al emblemático Sergio Corrieri Hernández, quien estuvo al frente de la institución de 1990 a 2008, dejando una huella indeleble y de sinergia.

El presidente fundador del ICAP, en 1960, fue Giraldo Mazola Collazo y después el combatiente del Ejército Rebelde y expedicionario del Granma René Rodríguez Cruz hasta su fallecimiento en 1990, cuando Corrieri asumió la responsabilidad.

La amabilidad de Sergio Corrieri (1939-2008) su cortesía, decencia, jovialidad, alegría y carisma constituían un distingo personal, a pesar de aparentar siempre un hombre serio e incluso hasta rígido. Todo ello lo traslucía, diferenciándolo de un clásico político o un mero dirigente administrativo.

Sería por sus dotes de contumaz actor, acostumbrado a desdoblarse y asumir distintos roles, que devino de vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) a político encargado del Departamento de Cultura en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Finalmente, ya en el ICAP fue organizador, recolector y aglutinador de amigos de Cuba y su causa en todos los rincones del mundo, e incluso hasta donde no llegaban nuestras misiones diplomáticas o consulares.

Y también donde gobiernos hostiles en algunos países se mostraban como enanos ante la imantada expresión de amigos y solidarios con nuestra causa en esos mismos territorios, muchos de ellos conquistados con el verbo fácil, reposado, no precisamente de barricada, pero siempre convincente de Corrieri.

FIDELISMO A TODA PRUEBA

Viejo conocido desde 1979 cuando se filmaban en Nicaragua las locaciones del clásico “En silencio ha tenido que ser”, establecimos una entrañable amistad y lo valoré en todos los roles, desde el actoral hasta los que se le encomendaron más tarde, pero, sobre todo, lo que más reconocía en él era su fidelismo.

Fue el modesto y callado autor de aquella referencia axiomática para con el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, al compararlo con “el encantador de serpientes” (originarios de los dalit, hombres indios muy pobres se dedican como modo de vida a domesticar serpientes, y estas se contonean al sonido de la flauta).

Aludía Corrieri al poder innegable del Comandante en Jefe de cautivar y arrastrar multitudes, y de convencer a quienes hablaba o trataba.

Por eso ante su desaparición física, el Comandante en Jefe no dejó de corresponderle con una de sus más sencillas pero impactantes Reflexiones, “La Marcha Prematura”, el 1 de marzo de 2008, en la que nos lo describió así:

“Sergio se nos fue…. De él aprendí cuando visitaba las bellas montañas del centro de la Isla. Admiraba sus principios. Estoy seguro de que no le habría gustado que sus cenizas reposaran en el cementerio de la capital. Ojalá que sus familiares o quienes tengan ese derecho, decidan colocarlas en algún bosque del Escambray, donde un árbol crezca junto a su memoria”.

PATRIOTA, PERSISTENTE, DISCIPLINADO

Persistente, patriota y disciplinado como el David de “En silencio ha tenido que ser”, Corrieri fue esforzado y sacrificado, tanto en su papel de Alberto Delgado en “El hombre de Maisinicú” o como en la realidad, director del Teatro Escambray en las serranías villareñas.

Sus exigencias lo condujeron a enfrentarse siempre contra lo mal hecho y se engrandeció frente a los retos, desde el desempeño de miembro del Consejo de Estado hasta 2006, como la de convocar, por su iniciativa, dos eventos mundiales de Solidaridad con Cuba en 1994 y en 2000, respectivamente.

En estos encuentros concurrieron a La Habana alrededor de cinco mil amigos en cada uno, en representación de todos los Comités y Asociaciones a favor de la Revolución Cubana de la mayor parte del mundo. Ambos acontecimientos sesionaron en el teatro Karl Marx y fueron presididos por el Comandante en Jefe.

Corrieri enmascaraba su grandeza con excelsas modestias e incluso hasta con algunas malicias más propias de adolescentes, como aquello de esconderse dentro de los closets para fumar durante sus múltiples y últimas hospitalizaciones, haciendo cómplices a quienes lo visitaban y poniéndolos a vigilar en los pasillos para que no le sorprendieran.

Murió como vivió, solidario e igualmente reciprocado, incansable y batallador, el triste 29 de febrero de 2008. Ya con traumas circulatorios que le dificultaban caminar, se levantaba una y otra vez de los repetidos ingresos y resurgía desafiante con nuevos empeños, burlándose de la muerte que ya al acecho le rondaba.

Pudo más en él la actividad política pragmática y humanística de aglutinamiento mundial hacia su isla y su Revolución, que el histrionismo y la creación artística.

Ello lo ejemplificó cuando ya recién en la dirección del ICAP, alguien con sobrada autoridad y capacidad para hacerlo le propuso, a finales de 1991, la presidencia del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) -algo muy poco conocido-, lo cual él declinó cortésmente al priorizar la batalla política.

Sirva, pues, el aniversario fundacional 62 de esa institución, tan pletórica de amigos internacionalistas, para recordar y enaltecer a este revolucionario modesto e inolvidable.

(Tomado de Prensa Latina)

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