La lealtad con nombre propio: Eusebio Leal

La poesía anidó en la sutil, pero enérgica palabra cavilada por este intelectual, el más leal de todos los residentes en la capital cubana, Eusebio Leal Spengler, a quien recordamos este lunes en el aniversario de su natalicio.

Nacido en esta ciudad un 11 de septiembre, quizás hubiera celebrado 81 años de edad junto a sus colegas pensando la restauración de una obra del Centro Histórico, o a lo mejor disfrutaría Andar La Habana con sus jóvenes discípulos del Museo de la Ciudad y de la Oficina del Historiador.

Como director de ambas estancias, Leal Spengler asumió importantes labores de renovación y reconstrucción, como la del Palacio de los Capitanes Generales (antigua Casa de Gobierno) y actual sede del mencionado museo.

La responsabilidad de conducir las obras del Casco Histórico de La Habana, declarada en 1982 por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, se le confirió en 1981, tarea emprendida con la pasión de un amante a su musa.

De hecho, esta ciudad fue su musa, su inspiración, el gran amor que vivió con intensidad.

Y ahí está él, eterno, a la entrada del emblemático Palacio de los Capitanes Generales, como si un auditorio esperara impaciente su alocución.

La presencia de Eusebio en la plaza, con una escultura en bronce emplazada en tamaño natural, inmortaliza al mejor ciudadano de La Habana.

Excelso orador, hombre erudito, de profunda dicción y perfilada pluma, desde muy joven se interesó por la Historia, fue acogido por el primer historiador de esta urbe, Emilio Roig de Leuchsenring y orientado por él en su vocación.

Tuvo formación autodidacta y sin obtener oficialmente más nivel escolar que el de sexto grado, luego de una ingente preparación, presentó exámenes de suficiencia académica en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, permitiéndosele ingresar al centro de altos estudios para cursar la licenciatura en esa materia.

Su capacidad intelectual, facilidad de expresión y dedicación casi absoluta a conservar la parte vieja de la capital de Cuba, lo hicieron merecedor de múltiples títulos, nombramientos y galardones, pero todo ello no era suficiente.

Para llenar ese volumen de figura notable y, además, don de gente, toda su instrucción debía salir a la luz: sus estudios de posgrado, la adjudicación de varios grados científicos pero, sobre todo, su pausado transitar y acercamiento a las adoquinadas calles habaneras, el mejor trabajo que sabía hacer este eterno caminante.

Recibió estudios de postgrado sobre restauración de Centros Históricos, beca conferida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Italiana, obtuvo un doctorado en Ciencias Históricas y maestro en Ciencias Arqueológicas.

Se encargó en 1998 de realizar el pregón de las Fiestas de la Mercé de Barcelona, donde ofreció un discurso sobre las históricas relaciones de Barcelona y Cataluña con Cuba, reivindicando la vigencia de dichos lazos.

Consiguió también los grados científicos de maestro en Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba, mientras, diversas fueron las condecoraciones que naciones amigas de Cuba le entregaron a este hijo ilustre de la ciudad.

Entre ellas, doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Chile, Gran Cruz de la Orden de Carlos III y Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, de España, así como, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, y la Orden de las Artes y las Letras de Francia, entre muchas otras.

Son casi incontables, igualmente, las responsabilidades que Leal Spengler asumió, tanto dentro, como fuera de Cuba en lo concerniente al quehacer patrimonial, así como, sus principales obras literarias se consideran de importancia para la enseñanza.

Destacan “Detén el paso caminante”, “Verba Volant”, “Carlos Manuel de Céspedes, el diario perdido” o “La luz sobre el espejo”.

Considerado el hombre que “salvó” La Habana, los restos del doctor Leal Spengler descansan, por supuesto, en un sitio de la Habana Vieja, el Jardín Madre Teresa de Calcuta, al fondo de la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís.

(Tomado de Prensa Latina)

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