Aniversario 55 de la primera red de radares meteorológicos

Tras el paso de los huracanes Flora (1963) y Cleo (1964) por el territorio cubano, se adoptaron decisiones imprescindibles para fortalecer el Servicio Meteorológico Nacional, por entonces a cargo del Observatorio Nacional de la Marina de Guerra Revolucionaria (MGR).

En ese año, se propuso adquirir dos radares destinados a la vigilancia meteorológica y elevar así la eficacia de las alertas tempranas, cuenta Luis E. Ramos Guadalupe, Coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba, en un extenso artículo solicitado por la Agencia Cubana de Noticias.

Uno de ellos se emplazaría en occidente y el otro en el oriente del país, con gestiones a cargo del Capitán de corbeta Luis Larragoiti Alonso, director del Observatorio, que contaba con el apoyo del comandante Rolando Díaz Astaraín, Jefe de la MGR.

Una vez aprobado el proyecto, la Junta Central de Planificación libró $ 91 000 (USD) para la compra de los equipos.

Habría sido lógico adquirir los radares en Estados Unidos, pero las regulaciones del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de ese país lo hacían inviable.

Larragoiti era ingeniero electricista y estaba vinculado al Observatorio y a la Marina cubana desde 1941, por lo que conocía por propia experiencia la calidad de los sistemas electrónicos navales y los desarrollos en aviónica que acreditaban a la compañía británica Plessey.

Tanto Astaraín como Larragoiti optaron por equipos Decca-42 – Mark-II, fabricados por Decca Radar Limited, división tecnológica de Plessey y después del acuerdo de ambas a mediados de 1965, todo estaba listo para entregar el primero de ellos, pagado en efectivo por el acoso estadounidense que todavía se mantiene.

El primer radar se instaló en la sede de Casa Blanca, en el antiguo pabellón de Astronomía, lo que requirió reemplazar la cúpula del telescopio astronómico por una plataforma para la antena, de sección paraboloide y carente de radomo.

Aunque este medio estaba proyectado para la vigilancia meteorológica, se avizoraban otras aplicaciones en el terreno de la investigación.

Por entonces la red básica nacional se ampliaba con 50 nuevas estaciones meteorológicas recibidas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y en su instalación sobresalió la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias (CNAC), presidida por el capitán Antonio Núñez Jiménez.

Un hecho trascendente ocurrió el 12 de octubre de 1965, cuando se creó el Instituto de Meteorología, que se sumó a la infraestructura y los recursos humanos del Departamento de Meteorología y del Observatorio Nacional.

Con tales cambios, el proceso de instalación de los radares pasó de la MGR a la CNAC, ahora guiado por Mario Rodríguez Ramírez al frente del Instituto.

No obstante, Larragoiti continuaba involucrado en el montaje, encargado ahora al Departamento de Astronomía en la CNAC, mientras el segundo equipo se proyectaba situarlo en el pico Turquino, pero las dificultades prácticas eran muy grandes allí.

Así que surgió la idea de instalarlo en la estación climatológica de Gran Piedra (1 225 m. sobre el nivel del mar), también en la Sierra Maestra, un punto con similares horizontes de exploración radioeléctrica, pero con mejores condiciones de accesibilidad.

En mayo de 1966 arribó a Cuba el ingeniero británico Michael Butler, asesor para el montaje y puesta a punto del segundo radar, y enseguida comenzaron las obras.

Su energía la proporcionaban dos grupos electrógenos, de 8 kW y 10 kW de potencia, respectivamente, que generaban corriente trifásica de 220 V y la instalación contaba con radioenlace por microondas para el envío de los datos hacia el centro de Casa Blanca.

La torre, el recinto técnico y la plataforma para la antena se diseñaron y construyeron íntegramente en Cuba por personal

especializado del Ministerio de la Construcción, en una obra civil de que costó $ 65 000, la mayor suma invertida por la CNAC en 1966 destinada a infraestructura en meteorología.

Su inauguración en la Gran Piedra se efectuó el 6 de septiembre de 1966, cuando Núñez Jiménez cortó la clásica cinta de acceso y también quedó inaugurada la primera red radárica del SMN, integrada por las unidades de La Habana (Decca-42), Camagüey (un ARS-3, fabricado en la URSS), y Gran Piedra (Decca-42).

Finalmente, debe recordarse y honrar a quienes han tenido la responsabilidad de mantener operativo al radar de Gran Piedra, a sus instituciones y a pioneros y padres de la primera red.

De manera especial a la memoria de Fernando Boytel Jambú, investigador santiaguero que propuso el lugar donde incansablemente realizaba estudios arqueológicos y ambientales, para colocar allí la histórica estación de radar que hace más de medio siglo corona, junto a nuestra bandera, la cima de Gran Piedra.

(Tomado de ACN)

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